“Una vez siendo yo aún una cría me dijeron que lo que me fallaba era mi fuerza de voluntad. En esos momentos no hice ni caso, ni recuerdo a que se referían, pero ahí quedó, en el subconsciente bien guardado, olvidado… hasta que quiero hacer algo y no lo consigo, hasta que me encuentro con una montaña demasiado abrupta y las fuerzas me fallan para sortearla, hasta que se me acaba el tiempo y no llego, entonces reaparecen esas palabras y retumban en mi cabeza…y a lo mejor son chorradas, que cualquiera diría que no vale la pena preocuparse, pero ellas retumban y retumban, “no tienes fuerza de voluntad” aullan, el corazón se me encoje y el pulso se me acelera, tiemblo, una sensación de ahogo se apresa de mi y no me deja respirar, y todo por culpa del dichoso subconsciente que todo lo guarda, es lo que tiene. Y mi mente se divide: hazlo! / ya vas tarde, para qué? / venga mujer!, adelante! / no vale la pena…, la vista se nubla y caigo en un remolino sin fin, que me traga y me hunde, me voltea, me asfixia, me mata.”
